TORTILLA DE CEBOLLETA

Seguramente que cuando vais a comprar verdura, respondéis que sí cuando en la frutería os pregunta si cortan el rabo de las cebolletas. Pues sabed que  esa parte tiene muchos usos, y es de gran sustancia para base de guisos. Hoy os diré una receta bien fácil para ovolactovegetarianos, que además sirve para toda la familia.

Con los rabos de la cebolleta bien lavados, cortados en trozos no muy grandes, después nada más habría que pocharlos en aceite de oliva virgen, hasta que estén suaves pero sigan conservando el color verde.

Batir tres o cuatro huevos, añadir sal, pimienta y un poco de perejil fresco bien picado. Y ya está lista una deliciosa tortilla, que en plato o bocadillo resulta buenísima.

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CUSTOMIZAR CAMISETAS ¡es FÁCIL!

A menudo sucede que a los vegetarianos nos resulta complicado encontrar prendas de vestir acordes con nuestra forma de vida. En las tiendas globalizadas solo montones de camisetas con lemas, a menudo en otros idiomas, incomprensibles misivas en cuatro o cinco colores, los que marquen la temporada, al dictado de la moda. Bastante es ya tener en cuenta la composición de algunos rellenos de ropa de abrigo y prescindir de algún calzado, por cómodo que sea.

Vestirse solamente con lo que a uno le agrade no es fácil, pero sí lo es reciclar viejas prendas para convertirlas en algo único, con poco o nada de gasto añadido y sin ningún esfuerzo o dificultad. Un poco de ingenio antes de despedirse de esa camiseta que no usamos hace dos temporadas, por sosa, grande o impersonal.

Camiseta reciclada

Aquí va una muestra  cómo queda la que yo estoy reciclando. Una camiseta básica de color rosa, con unas cuantas temporadas pero en buen estado. Y otra rosa chicle bastante gastada de la que solo aproveché una ancha tira (que ahora es el volante fruncido que se ve en el bajo). Una cinta decorativa, unos golpes de rotulador especial para pintar ropa y lo que la imaginación acompañe.

 

¡Así no encontrarás ninguna igual a la tuya!

ENSALADA MURCIANA VEGETARIANA

“Nada beneficiará tanto la salud humana e incrementará las posibilidades de supervivencia de la vida sobre la Tierra, como la evolución hacia una dieta vegetariana”

(Albert Einstein)

 

Cuando un miembro de la familia decide pasarse al lado vegetariano la programación culinaria  por un momento se desmorona, luego se llega al convencimiento de que nada va a variar, todo será igual más una gran ensalada de lechuga con tomate alternada con otra de escarola y granada los días de fiesta. Pero no os preocupéis, es normal, sucede, las ocurrencias en cuanto a recetas si ya de por si van disipándose, es de comprender que introducir otro mundo desconocido parece tarea imposible.

En mi caso, soy yo misma, el resto son omnívoros con tendencia clara al vegetarianismo, no por elección, es que las comidas que preparo para mí, parecen de su gusto.  Esta ensalada murciana, que hoy va en el post, llevaba años haciéndola tal y como dicta la receta original (al menos la que a mí me pasaron en Orihuela). Lo único que he hecho es suprimir el atún en escabeche, que habéis de echar por encima, bien convertido en migas, para el resto de la familia.

Ensalada murciana adaptada para vegetarianos

Los ingredientes y por orden de colocación en el plato, son:

  • Un bote de tomate natural entero pelado (bien escurrido) y partido en trozos pequeños
  • Un tarro de corazones de alcachofa, troceados a la mitad o en cuartos
  • Dos huevos cocidos
  • Unas ceitunas de la variedad gazpacha , o negras aliñadas
  • (Para la opción no vegetariana: Un buen espolvoreado de trocitos de atún en escabeche -una lata mediana más o menos-
  • Tiras de pimiento asado, pimiento picante, pimiento relleno de queso o guindilla
  • Aliñar con sal, vinagre de jerez (o similar) y aceite de oliva virgen.
Comer en vegetariano es fácil, hacer dos comidas diferentes para ambas opciones también, cuestión de planificación y poco más.

Un quinto de vida vegetarianeando

     Dejar de fumar además de hacerme vegetariana han sido las dos mejores decisiones personales de mi vida, en lo que respecta a hábitos. La primera por motivos obvios,  práctica adquirida por presión en la adolescencia; la segunda engarzada de serie, de la que nosotros seguimos procediendo igual,  divulgándola sin cuestionar nada y apenas sabiendo cómo alimentar a la familia si no es echándole bien de chorizo a las lentejas, por más verduras que lleven.

     Respecto a ser vegetariana, la pregunta que más veces he respondido en estos largos diez años ha sido el porqué de no comer carne.  Con un sincero, cerrado y corto “no necesito que maten a ningún animal para comer” he comprobado en este tiempo que la gente, hasta la más excéptica, ese burdégano que todos tenemos en mente que siempre tiene un chiste inoportuno en la rebaba, las mentes más cerriles o los individuos mas irreverentes suelen frenar en seco ese juego dicotómico entre la lechuga y el chuletón, esa competición entre quien sufre más, ese querer añadirle sistema límbico al corazón de la lechuga como quien lo rellena de queso. En los primeros tiempos, dar respuestas tipo “por motivos morales” o “me dan pena los animales” y explayarse con largas explicaciones solo daban lugar a réplicas de lo más mezquino, faltas de respeto o pretensiones de ridiculizar que al final solo transparentaban la ordinariez moral.

     Mucho han cambiado las cosas, ahora lo que más me encuentro es que todo el mundo tiene a su alrededor alguien que también es vegetariano, bueno o casi, porque comen pescado también, pero poco, o los domingos la paella de su madre, o embutidos sí, pero solo jamón york, de todo hay; o como el jueves,  la mujer que me atendió en un establecimiento, que mientras me atendía me contó que “su hermana era vegetariana de toda la vida, lo que pasa es que el atún, los mejillones y el marisco, eso si que lo comía, que le gustaban mucho, pero eso no eran animales…”.

    Yo no he visto comer más lechuga que la que los carnívoros toman acompañando carnes o pescados; dudo que un vegetariano, salvo situaciones de desabastecimiento de otros alimentos -o invitaciones familiares con poca imaginación y ganas-, coma a base de lechuga. Poca oportunidad se le da en esta parte del territorio a las verduras y legumbres sin transformar con otros sabores. “La tortilla de champiñones lleva un salteado de bacon, ¿se lo quito, señora?”, “La menestra tiene carne y jamón, pero puede apartarlos…”. Y cuidadín con los sandwich vegetales de cafetería, que antes de pedirlos hay que preguntar ¿que contienen?, para asegurar que no llevan migas de atún entre la lechuga, o esa ensalada que te preparan “sin nada” y lo primero que muerdes es una aceituna rellena de anchoa.

     Y así pasaron unos pocos de años, diez, de ambas cosas, mismo día de abandono, misma satisfacción.